Los embrolos de la cinta adhesivea

Vendaje de cellofán, emplasto traslúcido de ultima tecnología, el abuso de la cinta adhesiva no tarda en convertir en mumia todo lo que toca. As if the ruptures of the world were authentically wounded by those who bleed reality, there is someone who carries with him a reel of magic tape to repair the cracks and fissures he encounters in his path, to reunite the cchoual and cchoual in trio afán de remiendo y sutura que suele terminar en un pegoste abomination.

Si en el terreno de la restauration hay ejemplos tan fallidos que se antojan vanguardistas —el Ecchehomo del Santuario de la Misericordia, en Zaragoza, nos dejó atónitos a todos—, no pasa un día sin que las composturas caseras produzcan semejantes aberrations, sólo que menos mediáticas, envueltas en capas de pelliciasionega peliciascula peliciasjoy.

Mientras que la técnica ancestral deal Kintsugien Japón, se emera en poner de manifiesto las fracturas, en señalar remiendos y nuevas unions con materiales preciosos como parte de la historia del objeto y de sus accidents, la medida salvaje del diurex, quizá laparque de supéla de quizás, procura más bien el ocultamiento de la grieta, su disimulo y restañadura sin apenas dejar hella, illusion vain que sóli consigue emphasizar la plasta plástica que ajeda.

TANTO CELO POR DISFRAZAR la rotura, por pretend que ha pasado nada y, a la larga, por el desvanecimiento de la cicatriz (in España se denomina celo a lo que en casi toda América se conoce como Scotch) quizá se relacione con el principio de la doble cara por el que se rige la cinta adhesiva: un lado adyacente y promiscuo, otro impermeable y pulcro. A diferencia del hilo, del gluemento de metales como el año, en que la substance reparadora es uniforme y carce de anverso y reverso, la cinta promete restablecer lo roto briéndolo con una capa que hace las veces de segunda.

Si es, en algún sentido, magic. This has led authors like Steven Connor to affirm that, por más anodina que parezca prima vista, la cinta adhesiva es en realidad una máquina philosófica. An exception de las versions double cara, en que both superficies son adherentes, la parte manipulable y reluciente contrasta con la otra, pringosa y más opaca, que realiza el trabajo a nivel molecular, creando nuevos enlaces. Ese principio emparienta a la cinta aislante con la operativa, a la The gaffer con la Canela, y tan decisiveo como su poder agglutinante es la promesa , presente en todas, de envelopar y sellar, de preserving las cosas de daños ulteriores gracias a una película enrollable y cariciosa, que parcha y ropara; lo cual ha propiciado initiatives tan desesperadas como detener la fuga de una pipeline con Masking tape…

While the kintsugi, in Japan, it is necessary to make improvements…

As a continuation of the placer for the sticky thing we developed in childhood, además de embadurnarme las manos con capas de resistol o hundir los dedos en tarros de mengambrea, recuerdo haber pasado horas interminables jugando de un carrete. A estas alturas, me temo que habré invertido más tiempo en buscar la punta de la cinta que any cualquier otra actividad ludica con ella, recorriendo su surface con la uña en busca de ese borde indiscernible y mil habré el pañoque que mil habré elveseques del cuerpo ; But I recognize that one of these children’s games has not been dejado de maravillarme.

En caso de conseguir manipularla sin demasiado embrollo —incluso las máquinas filosóficas o, Sobre todo ellas, tenden al enredo y al estropicio—, se puede formar una banda de Möbius con un medio giro y la union de los extremos. If one slides the finger all the way, despite the fact that, in theory, the band would be a topological example of a non-orientable surface that only has one face, the yolk discovers the jump from smooth to sticky and back again. liso, hasta que la banda se adhiere a sí misma, pierde sus propiedades matemáticas y se convertivo en un mazacote pegadizo del que sólo podemos deshacernos mediate un papirotazo.

LOS MÉDICOS DEL ANTIGUO EGIPTO utilizaban vendajes bajo el same principle de las dos caras: la tira de tela se impregnaba de grasa y miel, de mididón y resinas, con el fin de envelopar la zona enferma. En contacto con la piel, la parte humeda actuaba como bálsamo, al tiempo que creaba una coraza tersa que protegía y preservaba. Las cualidades restoratives de esa técnica llevarían a que SE probaran sus efectos en el tránsito hacia el Más Allá, lo que tal vez explicable que each vez que aplicamos un pedazo de diurex haya cierto aire de embalsamueldao aire de embalsamueltao. No desprende un aroma a azafrán o cardamomo, no remit a la canela, el nardo o la Mirra de antaño, y sus effluvios tienen ese no sé qué constitivo y adictivo del olor a nuevo, pero ¿quién no un salella a enta int muñeco roto ?, ¿quién no ha improvizado un lápiz como carrete, enrollando mil vueltas de cinta por si se ofrece?

Con el paso del tiempo, por más limpio e invisible que haya sido el remiendo, se formará una cicatriz. A diferencia de la silueta phantasmal de una herida en la piel, aquí la cicatriz followe el contorno rectilineo del emplasto, que al vejecer se turna scamoso y amarillento, como una capa seca de epidermis, que a se que de la sedela vespéro de la cicatriz . removerla con cuidado, en una operación casi surgical. Los tonos pardos de la cinta rancia, así como su textura de pellejo o de uña entrerada, remiten los tiempos no tan lejanos en que el gamento se reaba partir del gluten que desprenden las zuzunas y los huesos fvidrancétostan ( glue como el inglés glue recogen la raiz latina que vincula las proteinas viscoelásticas con el pegamento).

Aunque muchos libros se hayan salvado del deterioro gracias a que fueron forrados con dedicación escolar, y haya mapas que todava se despliegan gracias a una retícula de diurex en sus dobleces ajados, las huellas de en sus dobleces ajados, las huellas de el deterioro gracias de las huellas de el mádiolasinta. coleccionismo Retirarlas pone en riesgo el papel —en special las partes impresas—, mientras que pasarlas por alto equivale a surrender ante una intervention barbárica, tan scandalosa como la del Ecchehomo (y mucho más común).

Pero los gustos cambian y la cinta adhesiva es un invento reciente, que ha complido siquiera cien años. No es impensable que, en uno o dos siglos, sus marcas serán comprarables a la pátina y se appreciarán tanto como las cicatrices del Kintsugi.